Bioq. Araceli V. Depetris – Esp. Bacteriología Clínica y maestra de Mindfulness, difusión de Psiconeuroendocrinoinmunología , Mindfulness y Salud
“Estar iluminados significa despertar a la bondad básica que se encuentra aquí, en el corazón de nuestra humanidad…” (Sakyong Jampal Trinley Dradul,2012).
El Dalai Lama ha llegado a afirmar que la finalidad de la vida humana es ser felices (Dalai Lama y Cutler, 1998), es conocerse a sí mismo, evolucionar, dominar la mente para usarla como la gran herramienta que es, para desarrollarse comprendiendo que uno no es su mente; sino el observador, el SER. Desde hace más de dos mil años, se viene sosteniendo que la meditación puede reportar una amplia gama de beneficios al cuerpo, mente y espíritu. Recientemente la comunidad científica ha empezado a desvelar numerosos cambios que se producen al estar meditando, como por ejemplo una disminución de las hormonas del estrés, incremento de marcadores biológicos asociados a la relajación física, aumento de la concentración, memoria, claridad mental y sensación de paz, desarrollo de autocompasión, empatía y cambios en la estructura cerebral: neuroplasticidad.
Introducción:
En esta invitación quiero transmitir el conocimiento sin traicionarme, en coherencia entre lo que siento, pienso y acciono.
La vida cotidiana, con su dinámica y sus exigencias, nos aleja de nuestra naturaleza trascedente y no centra en el apego al ego, ese tirano que nos individualiza. En el camino hacia una exploración interna de mayor autoconocimiento, autoconciencia y conexión profunda con la vida el pensador francés Pierre Teilhard de Chardin nos invita a la reflexión con su afirmación “No somos seres humanos viviendo una experiencia espiritual; somos seres espirituales viviendo una experiencia humana”,
En los últimos siglos, Occidente se ha alejado aún más de prácticas espirituales y del desarrollo consciente, al respecto la educación y la medicina han sido portadores de mensajes limitantes. La Medicina Occidental basada en la enfermedad y se ha alejado de la salud y el bienestar integral, las corrientes educativas centradas en la transmisión de información como proceso alejado de la reflexión ha olvidado el desarrollo de la inteligencia emocional y de la educación espiritual, el desconocimiento de la importancia del crecimiento álmico y de la relación con el Ser Superior nos ha estancado en una mirada parcial de nuestra naturaleza limitándonos a lo físico.
Entonces la búsqueda externa ante tanto desconocimiento, se hace incesante y ávida por parte de quienes buscan respuestas más profundas, generando miedo, angustia, frustración y desorientación. El camino es abrazar nuestra naturaleza espiritual respetando nuestros pasos hacia la sanación, el bienestar y la expansión de consciencia, descubrir el poder interno que se tiene para autosanarse, gestionar las emociones, conectar con la inteligencia espiritual, desarrollarse neurobiológicamente, llegar a la esencia de cada persona, al SER y crear una vida en la que sí pueda sentirse pleno.
Tenemos capacidades extraordinarias, podemos hacer y estimular nuevas conexiones neurológicas y usar los pensamientos para generar químicos que ayuden a nuestra salud (farmacopea natural endógena). La meditación oriental y las nuevas corrientes de la medicina desarrollan estrategias para la neuroplasticidad. También la meditación profunda permite acceder al inconsciente para sanar heridas pasadas, traumas y para conectar con la conciencia universal (Dios), fuente de energía vital, amor incondicional y sabiduría, recordando quién verdaderamente somos y lo que vinimos a hacer y SER.
NEUROPLASTICIDAD
La Neuroplasticidad es la capacidad del cerebro de cambiar su estructura, su conectividad neuronal. El cerebro es producto de lo que somos, lo que hacemos y lo que sentimos. En el cerebro reside todo lo que una persona fue, es y puede llegar a ser, lo que ha experimentado, aprendido y memorizado, su conciencia y su metaconciencia. También residen allí sus habilidades y sus dificultades, lo que acepta y lo que rechaza, lo que ama y cómo ama, lo que está presente y lo que cree haber olvidado. Y si bien todos los seres humanos vienen al mundo con esta plataforma de lanzamiento extraordinaria, su desarrollo dependerá de lo que cada uno perciba, experimente y procese a lo largo de su vida, ya que en el momento del nacimiento –con excepción de lo que viene inscripto en los genes– todos los cerebros están programados biológicamente para desempeñar las mismas funciones.
Lo que va a diferenciar el cerebro de una persona con relación al de otra es la intrincada estructura de redes neuronales que se irá formando a medida que estas células se comuniquen entre sí como resultado de los estímulos que reciban del medio ambiente. Estas redes son escasas y pequeñas en el momento de nacer. Con el correr del tiempo, algunas se irán ampliando, otras permanecerán estáticas y otras se irán creando debido a un fenómeno que se conoce con el nombre de neuroplasticidad.
La característica distintiva del cerebro es la neuroplasticidad: Se va modificando a lo largo de la vida como respuesta a las condiciones medioambientales, al aprendizaje y a las experiencias que vamos incorporando.
Se pueden crear nuevos patrones de pensamientos y nuevos hábitos de pensamientos que sostenidos durante aproximadamente 21-28 días, se generan nuevos cableados neorológicos: que llevan a nuevas conductas. Entonces, de esta manera podemos moldear nuestro cerebro de la forma que queremos para reorientar nuestra vida según las experiencias que vivamos. En lugar de repetir patrones de nuestro pasado, podemos cambiar tomando cosciencia, podemos avanzar hacia un estado más elevado, podemos ser un ser humano más pleno.
Más allá de los efectos inmediatos de la meditación (calma y claridad), los practicantes también experimentan cambios de larga duración parecidos a los rasgos personales. La meditación a la mañana, ayuda a afrontar situaciones difíciles, a mostrar más empatía y compasión, a tener mejor memoria y a prestar más atención durante el día. Vamos a ver las pruebas científicas que demuestran estas afirmaciones y el impacto que tiene en el cerebro la práctica de la meditación y cómo estos cambios cerebrales pueden producir a su vez unos beneficios más duraderos.
Con la práctica de la meditación Mindfulness, se lleva la atención una y otra vez al momento presente, sin juzgar. La repetición del hábito, lleva a una conducta y la correspondiente cascada de actividad cerebral cambia paulatinamente con la meditación y el patrón se codifica de manera diferente a las conductas aleatorias, la estructura del cerebro cambia, y será este nuevo modelo el que mueva ahora la conducta.
¿De qué hablamos, cuando decimos mindfulness?
Mindfulness no es un descubrimiento moderno, aunque vivamos ahora su redescubrimiento (y un cierto reencuentro) en el marco de la cultura occidental. Mindfulness pudo existir desde el momento mismo en que los primeros cerebros humanos comenzaron a transformar el planeta, aunque probablemente nunca sabremos cuándo vivieron los representantes más primitivos de nuestra especie que practicaron alguna forma de mindfulness de manera sistemática. Sabemos que hace unos 2.500 años, se alcanzó una cima en esta práctica, concretamente en la figura de Siddharta Gautama (el Buda Shakyamuni), que fue el iniciador de una tradición religiosa y filosófica ampliamente extendida por todo el mundo (el budismo) y cuya piedra angular es, precisamente, la práctica de mindfulness.
Lo que sucede es que habitualmente nuestra mente se encuentra vagando sin orientación alguna, saltando de unas imágenes a otras, de unos a otros pensamientos. Mindfulness es una capacidad humana universal y básica, que consiste en la posibilidad de ser conscientes de los contenidos de la mente momento a momento. Es la práctica de la autoconciencia. El primer efecto de la práctica de mindfulness es el desarrollo de la capacidad de concentración de la mente. El aumento de la concentración trae consigo la serenidad. Y el cultivo de la serenidad nos conduce a un aumento de la comprensión de la realidad (tanto externa como interna) y nos aproxima a percibir la realidad tal como es. La práctica prolongada de mindfulness, en un ambiente favorable, abre también la puerta a la aparición de estados modificados de conciencia.
Hay un cierto consenso en la distinción de dos componentes en mindfulness (Bishop y cols. 2004). Por una parte existe el componente básico, la característica fundamental de mindfulness, que consiste en mantener la atención centrada en la experiencia inmediata del presente. Es, por decirlo, así, la instrucción eje que hay que seguir; ser conscientes de lo que sucede en el presente inmediato. Y el segundo componente de la definición de Bishop es la actitud con la que se aborda el ejercicio del primer componente, es decir, cómo se viven esas experiencias del momento presente. En relación con la actitud que se adopta de cara a la experiencia, resaltan la curiosidad, la apertura y la aceptación. Kabat-Zinn (2003) hace las siguientes recomendaciones para la práctica de la atención plena: no juzgar, aceptación, mente de principiante, no esforzarse, paciencia, soltar o practicar el desapego, confianza y constancia. Siegel (2007) reduce las características de la actitud correcta a cuatro: curiosidad, apertura, aceptación y amor. Una de las actitudes fundamentales en la práctica de mindfulness es lo que Kabat-Zinn (1990, 2003) denomina mente de principiante, sin duda en atención al título de un conocido libro de Suzuki (2000): Mente de zen, mente de principiante.
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Conclusión
La meditación y práctica Mindfulness permite observar sin juicios los patrones negativos que nos generan sufrimientos, nuestras máscaras, apariencias y sombras, aceptándolas sin resistencias mentales con autocompasión. Se sale de la supervivencia, la rutina, el piloto automático que sólo utiliza el 5% de nuestro cerebro.
Permite conectar con un espacio que trasciende los límites de la razón, el intelecto, la materia, el tiempo, el espacio y la lógica habitual; se accede al espacio interior que se extiende las dimensiones de la consciencia y se puede tener revelaciones y descubrimientos que amplían la percepción, sanan y transforman, dónde se abre un mundo de infinitas posibilidades, donde se crece, se evoluciona; permite que te reconozcas como parte de una gran consciencia – unidad, que es la naturaleza espiritual y vivas desde el Ser, tu esencia.
Se han descubierto cambios estructurales en regiones del cerebro importantes para la regulación emocional, la empatía y el procesamiento autorreferencial; y se ha descubierto también que varios cambios en los niveles de estrés resultantes de la meditación mindfulness estaban relacionados con cambios en la densidad de la materia gris de la amígdala. Estos datos suministran una información importante respecto a la manera en que funciona la meditación y aportan unas pruebas neuronales considerables a favor de las afirmaciones de los meditadores de que la práctica mejora su estado de ánimo, su capacidad de regulación emocional y, en particular, su capacidad para afrontar situaciones estresantes cuando no se hallan meditando. La práctica regular de la meditación reconfigura, literalmente hablando, el cerebro del individuo, generando cambios de larga duración en la función neuronal.
